Crónicas de viaje

nicES

Juan Jovel

La vida está llena de oportunidades, pero debe serse capaz de percibirlas y aprovecharlas en una ventana de tiempo que a veces es estrecha. A veces es única, ya no regresa jamás. Es mi percepción que Nicaragua ha sido muy hábil en aprovechar una ventana de oportunidad que se le abrió en el horizonte. Se respira aire de progreso por doquier y para terminar de embelesar nuestras vacaciones, el invierno tapizó de verde el país. Por supuesto, también se percibe un mayor índice de felicidad en la población.

Aterrizamos en Managua en domingo y empezamos a ver amigos apenas salimos del área de seguridad. Nos encontramos a nuestro amigo Eddy Parajón, quien había llegado a recibir a su hermana, quien llegaba de Miami. Para mi sorpresa, no me recibió el vaho de otras veces al salir del aeropuerto, hasta podría decir que el clima estaba agradable. De camino a León, empezó el festival gastronómico, en los quesillos Güiligüiste, de la Paz Centro. Sentí el sabor del quesillo y del tiste circular por mis venas, a cada mordida y a cada sorbo, a ojos cerrados. Fue mágico entrar a León, y ver el cambio impresionante que ha ocurrido desde que estuvimos allá en 2013: el parque con leones a la entrada, los tan criticados arboles de lata, que dicho sea de paso a mí me gustan, y bastante. Finalmente llegamos a casa de mi hermana, quien, para variar andaba de pata de perro en la calle, pero mi cuñado nos recibió con la cordialidad de siempre. Y yo, como tengo hormigas en el culo, como a la media hora me salí a la calle y empecé a saludar gente. Mi amiga de la infancia Nora, y su hija Tania, la Sandra, la madre de ellas, doña Esperanza. Seguí mi camino, y llegue donde doña María Félix, y mi “brother”, Juan Carlos, el famoso Nito Pirinola, me recibió con una Brava de medio litro bien heladita… ¡ahhhh, liquido maravilloso esa agüita amarilla! Nos dormimos temprano esa noche, cansados del viaje desde la tundra canadiense hasta la tierra de Sandino.

El siguiente día, después de dejar a mi mujer en la casa de su madre, ¡¡¡¡¡soy libre al fin!!!!!!! Yujuuuuu!!!! Me fui a pasear a la Escuela de Agroecología, mi antiguo lugar de trabajo, y vi a mis añorados colegas, inmersos como siempre en sus sueños, trabajando por Nicaragua. Hormiguitas constructoras de futuro. Llego la hora de almorzar, y había que conseguirse un par de borrachos para que me acompañaran. Siii hombre! Chico Pérez (30-30) y el Chirizo (Ronald Martínez), esos majes no le niegan el cariño a nadie. Abróchense sus cinturones, próxima parada: Lobito Bar! Primera toñita que se deslizó por mi galillo, y después de esa venían otras en fila, acompañadas de un cevichito de camarón. Por la tarde, salimos con mi mujer a caminar por el parque central de León, a comer jocotes verdes con sal, raspados, y al final caímos en el Bar Geko, con un variadito y una media de extra lite con ensa y limones. Nos fuimos a casa de mi hermana a descansar como a las diez de la noche. Ayyyyy mamita!!!! 2:30 de la mañana y el cerro negro volvió a hacer erupción; bueno, no literalmente, lo que en realidad ocurrió fue una cagadera brutal que nos dio a mi mujer y a mí. Es un virus que anda pegando duro dicen. Cagando como patos toda la noche y mi negrita vomitando también. Finalmente sobreviví la noche y a las seis de la mañana salí para la venta de la Luisa Emila y rempujarme un par de toñas porque la goma amenazaba con apretarme. ¡Para que quise mas hermanito! Me va agarrando un vomito caballo después de la primera toña, eran galones de vomito los que echaba. Sentía que me moría y la Luisa Emilia gritándome: ¡Idiay hijueputa, que te hartastes puros chilotes o que es esa verga verde que estas echando?! ¡No se, le digo, veni probalo si queres!  ¡Sera estúpida la vieja! ¡No me dejó vomitar en paz!

Fui al centro a recortarme la barba, y de paso me aventé un guacal de chicha de maíz. Y la cagadera seguía en lo fino. Primera cagada del día: McDonalds, segunda, supermercado La Colonia, tercera Caña Brava. ¡Jueputa! Nunca había sufrido una diarrea como esa. Ese día, con la ayuda de nuestra amiga Sandra Morales, le organizamos una fiestecita sorpresa a mi negrita. Llegaron la Sandra Morales misma, Edith Flores. ¡Y hermanito! Se me ocurre invitar a la Sandra Altamirano. Esa vieja está más loca que una cabra. A los primeros dos pijazos de extra lite se le trabó la lengua a la vieja esa y hablaba como que era rusa. ¡Que jodió! Hasta que nos corrieron de Bárbaro.

Al siguiente día agarramos viaje para Granada y visitar a nuestros amigos El Chocho y Erika. De pasadita por El Tamarindo nos paramos a comer conchas vivas con un parcito de toñas. Llegamos a Granada sin novedad. Se rompieron los juegos como a eso de las cuatro de la tarde en un bar de La Calzada. Llego mi amigo El Tribilin con su familia desde Rivas a vernos. Ya no bebe el cochón ese, después que era el más bolo de la Universidad Agraria. La pasamos pijudito. ¡En la mañana amanecí con una cruda que no era jugando y estaba lloviendo en Granada, así que me fui a meter a la piscina bajo la lluvia, riquísimo!  Arrancamos para el parque central a comer el famoso vigoron granadino, muy rico. Después nos fuimos de paseo con la familia del Chocho a Masaya y a los pueblos, para terminar en el mirador de Catarina, para almorzar. Ya era sábado, y además era mi cumpleaños, 46 paquetes. Se dice fácil, sufrirlos le cuerea. Les había prometido en la casa de mi hermana que esa noche les iba a cocinar pasta con salsa de queso y langostas. Regrese algo tarde, y de milagro nadie había fallecido de hambre, pero casi. Rico, comimos y nos echamos unos respectivos vinos de coyolito. Descansamos el domingo, y nos fuimos el lunes para El Salvador en La Ticabus (¡ayyyyy mae! ¡No sea tonto! En Costa Yica no se puede decir recto, porque así le dicen al culo, me decía un amigo mío tico. En Costa Yica no se puede decir bizcocho, porque así le dicen a la raja de la mujer. Ya me la embarraron estos tiquillos con todas sus reglas).

Llegamos a El Salvador como a las 9:00 de la noche, y mi Carnalito, mi Madre y mi sobrino nos llegaron a traer y nos llevaron a comer unas pupusas maravillosas de queso con loroco y de queso con chipilín. Llegamos a casa como a media noche, y descansamos rico en nuestro cuarto. El siguiente día tempranito me fui a bañar al rio como en los viejos tiempos. Fuimos a la finca de mi hermano también, a ver un ganado bien chulo que tiene. Regresamos a casa para saludar a mi viejo, Jovelito le digo yo de cariño, y mi madre es la Zoilita. Por la mañana fui a Ciudad Barrios con Jovelito y mi Carnal, y por la tarde nos fuimos a la puebla con el Carnal a tirarnos unas golden de prueba, apenas para calentar motores. Pero como agarro “juego” el cañal, nos bebimos una botella de tequila cuando regresamos a casa. Al día siguiente, me fui caminando con un amigo al cerro, a la Joya Verde, una propiedad de nuestra familia a recordar esos parajes, y fuimos a salir a la Sierra Morena y ahí estuvimos volando tapas con amigos que viven ahí. Al día siguiente teníamos que ir a sembrar árboles, así que para agarrar fuerzas nos metimos como cuatro cajas de cerveza en el bar del Charro, con chilaquiles. En la mañana siguiente arrancamos hacia la reforestación y me dio mucha alegría andar con ese grupo especial de personas. A algunos sólo los veo cada cuatro o cinco años, a otros nunca los había visto, pero nos tratamos como si fuésemos amigos de siempre.

También tuve oportunidad de hacer un pequeño recorrido por El Salvador con mis padres. Nos quedamos a dormir en un hotel de montaña muy bonito, en Concepción de Ataco. Dormimos todos en una cabaña, en un cuarto mi hermano con su familia y en el otro mis padres y nosotros, aunque a Jovelito lo tuvimos que tirar a dormir a la sala, porque ronca como olla nacatamalera. Como no le quedo de otra dijo: ”Uno que ha sido guerrillero prefiere dormir en el suelo que en cama”. Dormimos rico con el clima de montaña, fresquito. Me dio mucho sentimiento ver a la Zoilita de mi corazón, enrolladita en su cobija en la mañana. También fuimos brevemente al mar. Regresamos a casa un día antes de nuestro regreso a Nicaragua. El amigo Tilo Liebre, nos preparó tacos de lengua para la despedida y compartimos con algunos amigos en el restaurante de Tilo y Carmen.

Regresamos a Nicaragua para pasar ahí los últimos días de vacaciones. Fue muy bonito. Fuimos a pescar al salto Quezada, un rio que nosotros solíamos visitar desde niños. Llevamos a nuestras sobrinas, y creo que se divirtieron, aunque se quejaron todo el día de una caminadita que dimos para poder llegar a la represa. El día siguiente nos fuimos al mar a las 5:00 de la mañana, y finalmente pude nadar un poco en el mar. Luego fuimos a la bocana de Poneloya a desayunar y a bañar en sus aguas tibias. Por la noche del mismo día, nos reunimos con mis ex-estudiantes en Bárbaro y la pasamos bien; había música en vivo, traguitos, bailadera; y como siempre les di una lección gratis de baile a esas chavalas. También llegó mi entrañable amigo Marcio Sirias y los infaltables Chico Pérez y Ronald Martínez.

Para cerrar con broche de oro, el día antes a nuestro retorno fuimos a cenar a la casa de los Mejía Godoy. Sólo tocó Carlos, no cantó Luis Enrique, pero bueno, nada es perfecto. Lo disfrutamos mucho. Fue un espectáculo inolvidable. Al inicio del concierto, Carlos cantó la tumba del guerrillero: “Como dijo el poeta trapense de Solentiname / no quisieron decirnos el sitio donde te encontrás / y por eso tu tumba es todito nuestro territorio / en cada palmo de mi Nicaragua ahí vos estás”. Sentí estremecerme al ver y oír cantar a Carlos. Cuando se arrancó con “El cenzontle pregunta por Arlen”, se me desgajaron dos lagrimones y me cayeron sobre la camisa, recordé la hermosa gesta heroica que fue la Revolución Popular Sandinista.

Fue un viaje fantástico, y lo mejor es que vamos a repetirlo.

 

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