La esencia del socialismo más allá de los experimentos fallidos

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Juan Jovel

En general, estoy en desacuerdo con el socialismo como modelo de desarrollo social, pero creo que, en sus entrañas, encierra elementos valiosos que podrían contribuir a la construcción de una sociedad más justa.

Como antagonismo, el capitalismo neoliberal o neoliberalismo me desagrada mucho más. Conviene entonces mencionar la diferencia fundamental entre ambas doctrinas. El socialismo establece que el estado debe coordinar un proceso de apropiación colectiva de los medios de producción y de las ganancias obtenidas en el proceso de producción. Yo creo que esta idea es errónea porque neutraliza las ambiciones de individuos innovadores altamente creativos quienes son los que a través de la historia han revolucionado los sistemas de producción. Los individuos realizan grandes creaciones motivados en gran parte por el ego, quieren acumular dinero, poder, y reconocimiento. <<El dinero, el poder y el sexo, son las tres fuerzas que mueven a la humanidad>>, escribió el brillante Freud.  En un sistema donde las creaciones de los innovadores sean propiedad de todos por igual, el innovador se frustraría y probablemente se sentiría abusado por el sistema. Encontrar deleite en compartir sus creaciones requiere un nivel de educación y espiritualidad que aun no existen en la sociedad. Esto lo vuelve utópico.

El neoliberalismo, por el otro lado, aboga por la no intervención del estado en la administración de los procesos de producción y de las ganancias obtenidas. El libertarismo es la expresión extrema del neoliberalismo y básicamente establece “sálvese quien pueda”. Individuos altamente preparados y herederos del capital compiten con clara ventaja en este escenario. Me desagrada profundamente porque deja a los menos privilegiados a su suerte.

Por la naturaleza antagónica de su interacción, una de las prioridades del capitalismo es desacreditar al socialismo, y viceversa. En el medio están las masas, frecuentemente plegadas a uno de los extremos como víctimas de engaños propagandísticos.

En su esencia, el socialismo propone eliminar los antagonismos de clases, entre poseedores y desposeídos, entre dueños de los medios de producción y trabajadores asalariados, entre capitalistas y proletarios. Yo concuerdo plenamente con esta intención. Es posible que los capitalistas sigan siendo ricos después de pagar salarios justos y beneficios sociales a sus trabajadores. El estado y la organización social son los únicos que pueden hacer esto posible; el capitalista nunca lo hará de manera voluntaria.

Algunos puntos que vale la pena considerar aquí: i) Las mentes radicales solo serán capaces de visualizar el socialismo en un extremo y el neoliberalismo en el otro. Una mente abierta hará un análisis crítico que permita rescatar los elementos positivos de cada sistema para diseñar un nuevo sistema que supere a los dos anteriores. ii) La distribución equitativa de las ganancias en el sistema socialista se presenta como algo antinatural; aun los acérrimos defensores del socialismo en la práctica hacen grandes esfuerzos por acumular riquezas para si mismos y para los suyos. iii) El enriquecimiento del individuo bajo el esquema neoliberal presupone el empobrecimiento de otros y la historia así lo demuestra.

Durante el desarrollo de nuestras sociedades modernas el esclavismo fue sucedido por el feudalismo y este a su vez por el capitalismo. Todos fueron resultados de pugnas de poder, donde los más poderosos se impusieron sobre los más débiles y se beneficiaron de su fuerza de trabajo. Esto motivo a intelectuales desde el siglo XVIII a proponer modelos de administración más benignos para las mayorías empobrecidas. Así surgió el socialismo, como una corriente de pensamiento, como una propuesta para la humanidad, no como un proceso empírico. Es un modelo teórico después de todo. No existe un solo país en el mundo donde los medios de producción sean propiedad exclusiva del estado. Lo más cercano a eso fue el experimento realizado en la extinta Unión Soviética, el cual fracasó estrepitosamente, por culpa de la guerra fría dirán los radicales de izquierda, por inútil dirán los radicales de derecha. Lo cierto es que no lo sabemos a ciencia cierta. Quizás fracasó porque no es natural.

La historia del socialismo es compleja. Marx no fue el primero en pensar acerca de esto. Ya en el siglo XVIII, Henri de Saint-Simon propuso el término “socialismo utópico”, y en 1825, cuando Marx era todavía un niño, un británico visionario de Welsh, Robert Owen, quien era un capitalista de la industria textil, se mudó a los Estados Unidos, con ideas revolucionarias. Las empresas de Owen estaban entre las más lucrativas del mundo, había establecido la jornada laboral de ocho horas, prohibía el trabajo infantil, y en su lugar obligaba a sus trabajadores que enviaran a los niños a la escuela. También otorgaba subsidios por enfermedad. El mismo presidente Monroe fue al congreso de Estados Unidos cuando Owen fue invitado a hablar sobre sus ideas sobre socialismo. Owen se mudó a Estados Unidos en 1925 y compró un pueblo entero en Indiana a unos alemanes luteranos, y ahí estableció un gran experimento de socialismo al que llamo “New Harmony”. Unas 800 personas se mudaron a dicho pueblo, donde podían vivir gratuitamente y trabajar en las propiedades de Owen. Las ganancias se distribuían equitativamente, pero la verdad es que la mayoría de la gente se la pasaba pensando y hablando sobre el modelo ideal de socialismo y nadie trabajaba. El experimento fracasó rápidamente. El mismo hijo de Owen escribió: <<un modelo cooperativo que proponga la distribución equitativa de las ganancias del trabajo esta condenado al destierro de los más hábiles y laboriosos y a quedarse sólo con los más holgazanes e inútiles>>.   Owen no aceptó su fracaso y se justificó diciendo que los participantes de su proyecto de socialismo eran material de baja calidad.

Owen regresó a Inglaterra a fomentar círculos intelectuales sobre socialismo. A uno de esos círculos de estudios llegó un joven intelectual alemán, Federico Engels. Como Owen, el padre de Engels también era un industrial textil en Inglaterra. En esos días, otro joven intelectual de origen judío pero nacido en Alemania deslumbraba a todos los círculos intelectuales de Inglaterra, por su notable genio. Su nombre era Carlos Marx. Engels publicó un artículo en un periódico que era editado por Marx, y este último quedó impresionado por Engels. En 1944, ambos intelectuales se encontraron en Paris, y así empezó la colaboración académica más fructífera de la historia. Con las revueltas del proletariado en Alemania, en 1948, ambos regresaron a Alemania y juntos escribieron un artículo que cambiaria el curso de la humanidad, lo llamaron el Manifiesto Comunista. Marx fue el autor principal de dicho artículo. El comunismo fue concebido por Marx y Engels como una forma superior de socialismo. Es decir, que sin nunca haber existido, el socialismo evolucionó hasta convertirse en comunismo.

Pero el manifiesto comunista era apenas el catecismo, la Biblia entera estaba todavía por escribirse. Para que Marx pudiera dedicarse a tiempo completo a escribir su obra maestra, El Capital, Engels le pagaba un estipendio con el que Marx sobrevivía. Marx prometió escribir El Capital en un año, pero tardo más de 15, y Engels lo mantuvo becado durante todo ese tiempo. La ‘única vez que Marx trabajó fue como corresponsal del periódico New York Daily Tribune, pero como no era ducho en Ingles, escribía sus artículos en alemán y Engels los traducía al inglés. De manera que Marx nunca fue capaz de generar ni su propia comida, en parte porque nunca tuvo interés en hacerlo. Su único interés eran las ideas, la teoría.

Marx postuló que el socialismo necesariamente sucedería al capitalismo y que se establecería en sociedades intelectualmente avanzadas como Alemania, Francia e Inglaterra. Se equivocó totalmente, al menos por algún tiempo.

Lenin empezó a estudiar comunismo por accidente. Su hermano mayor fue encarcelado, no recuerdo si lo fusilaron, por promover el comunismo en Rusia, y a Lenin lo expulsaron de la escuela, sólo por ser hermano del revoltoso. Así lo enviaron a una casa de campo, donde Lenin leyó los libros de su hermano y se interesó profundamente por su contenido. Contrario a lo predicho por Marx, el primer intento nacional de socialismo surge con la revolución bolchevique rusa de febrero, en 1917, la cual puso fin al zarismo. Lenin fue uno de los líderes de dicha revolución y forzó el empoderamiento de la clase proletaria por encima de cualquiera que se les opusiera. Este intento de socialismo se impuso a sangre y fuego, y dejó millones de muertos, con Lenin y después con Stalin. Así se fundó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Lenin reformulo las teorías de Marx y propuso el Marxismo-Leninismo. En este modelo, Lenin proponía que las masas no sabían lo que querían, porque no eran educadas, y por tanto un segmento líder de la población (agrupados en el partido comunista) tenia el mandato de guiarlos por el camino correcto. Es decir, Lenin consideraba a sus partidarios seres iluminados superiores al resto de la sociedad. La democracia no era una pieza del rompecabezas de Lenin, de ahí mi poca admiración por él.

La idea de Lenin era exportar el socialismo al resto del mundo. Hubo agresivos intentos en Estados Unidos, y al inicio fue bien recibido por las centrales sindicales, pero poco a poco se perdió el interés y cayo en el olvido. Los viejos guerreros del socialismo en EEUU se movieron al centro de Canadá, a las provincias de Alberta, Saskatchewan y Manitoba, donde tuvieron cierto éxito y finalmente encontraron cabida en los ideales del Partido Liberal. Esta es la razón por la cual el sistema social de Canadá es de corte socialista.

Sorpresivamente, países de corte meramente capitalista, pero intelectuales históricos, como los alemanes y los nórdicos, aun cuando se han desarrollado siguiendo un modelo de economía de mercado, tienen políticas sociales con tintes socialistas. Por ejemplo, la educación de todos los niveles es gratuita en Alemania, y hace un par de años empezaron a ofrecer gratuitamente sus universidades a cualquier extranjero que quiera llegar a estudiar a Alemania. Por supuesto esto propicia el reclutamiento de cerebros de países más pobres que estudien en Alemania, pero el hecho concreto es que el estado reinvierte las ganancias del capital en beneficios sociales. Muchos países desarrollados están adoptando esquemas similares.

En resumen, el socialismo, en su forma original, ha fracasado ruidosamente en todos sus intentos. Como paradigma de administración de las ganancias del capital comprende valiosos elementos que podrían rescatarse para aliviar la vulnerabilidad de los menos privilegiados.

Maldecir al socialismo porque muchos políticos que pregonaban ser representantes del socialismo resultaron ser escorias humanas, equivale a renegar de la religión porque hay muchos pastores que son una basura.

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