Canito

diegoCanito

Juan Jovel

Lo amamos desde siempre. Llegó a nosotros en una noche de viernes con apenas unos días de nacido, frágil y desvalido. Al posarse sobre sus piernitas todavía tembeleques, gimió dos veces para nunca más volver a hacerlo. Se instaló en el cuarto de Kathya, su nueva ama y amiga incondicional. No pasó mucho tiempo hasta que su valentía, propia de los cachorros de su estirpe, saliera a relucir. En unos pocos días se convirtió en el amo absoluto e indiscutible de la casa, al menos es lo que aparentaba pensar al posarse en la puerta que daba a la calle, contemplando con gravedad y atención a los muchachos que jugaban a la pelota.

Fue el alma de nuestro hogar durante los meses que lo tuvimos con nosotros. Incansable para jugar con sus juguetes: Una corcholata de gaseosa, un muñequito de peluche, una pelota que le compramos en el supermercado y una botella plástica vacía de coca cola. Siempre me sorprendió su sentido de posesión hacia dichas pertenencias y su cuidado de no perderlas. Con puntualidad de reloj suizo, nos despertaba a las cinco de la mañana, reclamando su tasita de leche tibia con pedigrí para cachorros.

Durante los primeros días, casi siempre encontrábamos pequeñas lagunas de sus orines, y alguna que otra ‘mina’. Pero recibió por eso, de Esmeralda y kathya, sus buenos azotes en las nalgas, con una ramita de guayabo. En venganza, se ponía a mordisquear furiosamente las ramitas del palito de guayabo arrayán, de donde provenían las varitas que lo fustigaban. Una tan sola vez tuve que amenazarlo con darle unos azotes, cuando me mordisqueó unos zapatos de cuero crudo que yo había traído de Alemania y que me costaron un ojo de la cara. Tenían garantía para dos años, obviamente no contra Canitos. Él se sintió tan avergonzado por ello, que cavó un hoyito en un cerrito de arena que teníamos en el patio, y que era su lugar preferido para jugar, y no salió de ahí hasta que Kathya y Esmeralda regresaron, pues se habían ido a la playa con mi Papá.

La vida da muchas vueltas. Tuvimos que migrar de nuevo y dejar todo atrás. Incluyendo a Canito quien ya se sentía a sus anchas con su primo Dinky. Kathya se puso muy triste y nosotros compartimos su dolor, pues Canito se había convertido en uno más de nuestra familia. Nos había enseñado que se puede amar sin condiciones, que puede uno nunca aburrirse del alegrarse al volver a ver a un ser querido, que puede siempre moverse la cola de alegría, que unos cuantos lametazos dicen más que mil palabras, y que se puede ofrecer hasta la vida por los que amamos. Sí, él, con su diminuto cuerpo de pequinés, pero con su corazón de León, se lanzaba con rabia ciega en persecución de los gatos que osaban invadir nuestra casa: tenía que defender a su familia del abominable gato. O ladraba furioso cuando algún desconocido se acercaba a la puerta de la casa. Amaba a los suyos y los protegía.

Finalmente decidimos que lo mejor para él sería dejarlo con mis padres. Pues ellos viven en un área rural de El Salvador, donde el alma silvestre de Canito se sentiría en casa. Así fue, no sin algunos sinsabores que el pobrecito tuvo que enfrentar con sólo seis meses de vida, pero que supero como un valiente. Kathya y Esmeralda viajaron una vez más a San Gerardo para verlo antes de venirse a Canadá, para despedirse del amiguito amado. Cuando llegó el momento de la despedida, Kathya, tan valiente como Canito, lo bañó, lo durmió enrollado en su toalla y así, dejándolo dormido, se alejó para no verlo sufrir y para no sufrir. Los amigos se separaron, pero seguros de que volverían a encontrarse.

En fin, Canito se hizo guanaco, y sangerardino achís! Le fue tan bien que hasta amores correspondidos encontró y pronto tendrá sus propios cachorros.

Ahora, cuando llamamos a mis padres, les preguntamos siempre por los cachorros. Pues Canito también adquirió un hermano mayor, Guardián, un pastor alemán gigante que lo adoptó como su hijo y, por tanto, tuvo que aguantarle sus incansables jugarretas. Si, Guardián tuvo que armarse de paciencia para soportar los mordisquitos de Canito en su labio inferior, en su cola, en las orejas, pero aprendió a disfrutarlo, y tanto que cuando Conan, el cachorro rottweiler que mi hermano llevó a casa, llegó, Guardián tuvo que mantener una pupila arriba para velar por la seguridad de su adoptado. El día de la llegada de Conan, su negrura azabache tomó por sorpresa a Canito, quien, parapetado atrás de una cajita de cartón sólo asomaba la nariz y uno de los ojos para curiosear al recién llegado.

No hubo de pasar mucho tiempo hasta que una gran amistad se desarrollara entre los cachorros, juguetones a más no poder, debatiéndose en luchas titánicas calculadas, cuidando de no ir a lastimar al amigo, y bajo las miradas severas de Guardián quien se mostraba visiblemente disgustado, no por las travesuras de los cachorrillos sino por no haber sido invitado a participar del desvergue.

Pero Canito y Guardián también han vivido sus aventuras. Por la mañanas, bien temprano, solían ir a desperezarse al parque central, el cual está frente a la casa, y de paso a buscar uno que otro banquetito, cuyo menú no viene al caso detallar. Resulta que en una de esas expediciones se vieron aculados por una mancha de perros aguacateros que amenazaban con meterles la pijiada de su vida. El bravo Guardián, ni corto ni perezoso, arrancó en carrera de venado para la casa y el Canito, que de tonto no tiene un pelo, hizo lo mismo al estilo conejo. Venado y conejo venían en barajustada ladrando como locos, pero no de bravos, sino para que se quitaran de su camino y los dejaran llegar sanos y salvos a casa.

Afortunadamente el tiempo pasa rápido y, si Dios nos presta vida y salud, el otro año visitaremos de nuevo el terruño y jugaremos con Canito, con Guardián y Conan.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s